• El ya célebre escudito del presidente Moreno responde al diseño de las medallas de Andalucía establecido en una orden de 1985, siendo presidente el gran Pepote Rodríguez de la Borbolla. La corona no es ningún invento del actual Gobierno, Ni hay conejo ni chistera.
El presidente Moreno interviene desde el atril donde aparece el escudo de la PresidenciaEl presidente Moreno interviene desde el atril donde aparece el escudo de la Presidencia

El presidente Moreno interviene desde el atril donde aparece el escudo de la Presidencia M. G. (Sevilla)

El nuevo escudo de la Presidencia de la Junta de Andalucía no tiene nada del otro mundo. Ni chicha ni limoná. No hay ni rollo ni bollo. No es original, ni por supuesto es nuevo. Ni hay chistera ni hay conejo. ¡Qué le vamos a hacer si estos chicos del Gobierno del Cambio se han basado en una normativa de 1985! Era don José Rodríguez de la Borbolla el que se sentaba en el despacho de presidente de la Junta en la calle Monsalves, muy cerquita del Museo de Bellas Artes. Y ese año, con fecha de 6 de noviembre, se publicó la orden que establecía el diseño, características y dimensiones de la Medalla de Andalucía.

Los preceptos en los que se inspira la gaita del escudo son ignorados por cierta izquierda clienta del Habanilla. Hay que ver lo que perdió la izquierda cuando dejó de acudir a la Cervecería Internacional y se fue a la zona norte de la ciudad… Es lo que pasa cuando se renuncian a las esencias. Todo se paga. Reza la susodicha orden de hace 35 años: “La medalla va unida por el vértice superior del octógono a una corona real española de oro, labrada por ambas caras en relieve, con la pedrería esmaltada en sus colores”.

¡Cáspita! La corona fue decidida por un gobierno progresista, rojo, muy rojo, rojísimo, como decía Susana Díaz que ella era cuando ocupaba la presidencia, ¿recuerdan? Lo mejor de su gestión, por cierto, fue colocar un sofá blanco en el despacho principal de San Telmo, el palacio que compró la izquierda a la Iglesia. Sí, señora. Muy bien hecho lo del sofá, que el arquitecto innombrable lo dejó todo más oscuro que los bajos de un toro de Jandilla.

El hallazgo de la orden de 1985 es como para que Teresa Rodríguez, portavoz de Adelante Andalucía, llame al politólogo de guardia y diga eso de que Andalucía es un pueblo y no una monarquía. Conecten la risas en off. Qué rigor, qué precisión, qué derroche de conocimientos, qué mente preclara, qué agudeza de análisis, qué enjundia de juicio. Claro que somos un pueblo. Habla pueblo, habla, decía el histórico lema. Pero no tomemos por tonto al pueblo. Que la derecha ha pagado ampliamente su error histórico en el referéndum de autonomía es cierto, tanto como que la corona que provoca urticaria a la izquierda adolescente no es ningún invento del PP, ni de la extinta PA, ni del PDP de Óscar Alzaga, ni de otras formaciones conservadoras.

El escudo de la Presidencia de la Junta de Andalucía

El escudo de la Presidencia de la Junta de Andalucía M. G. (Sevilla)

El escudo de la Presidencia de la Junta está inspirado en el diseño de las medallas que se entregan el 28 de febrero en el Teatro de la Maestranza, siempre y cuando el todopoderoso Elías no se lleve el acto a Málaga. Es más, en la misma orden se recoge el diseño de una medalla de plata que no se suele asignar y que también lleva la corona real. ¡Como el escudo del Betis, Susana! ¡Como el del Real Madrid, Teresa! La ex presidenta Díaz ha perdido una magnífica oportunidad para quedarse callada. No hay que cambiar ningún Estatuto para el diseño del sellito o escudito de la Presidencia, que parece sacado de un antifaz de la Candelaria (va por ti, Mariló Montero).

A Díaz le puede parecer horroroso el sello. Nada que objetar a su gusto. A Teresa Rodríguez le puede venir de dulce para montar una huelga en el instituto, si no fuera porque ya no tiene edad de alumna. ¡A las barricadas! Y a los politólogos con camiseta les viene de lujo para ver franquistas donde no los hay: “En ocasiones veo laureadas, doctor”.

¡Si el escudo lo que tiene son dos laureles chungos que no valen ni para un cocido!. La orden sobre el diseño de las medallas está firmada por Ángel López, entonces consejero de la Presidencia. Fue presidente de Parlamento de Andalucía cuando para este cargo eran requeridas personalidades de prestigio. A la presidencia del Parlamento le ha pasado como a las varas de hermano mayor, las cátedras o los ministerios. Hay que pinchar uno a uno, como los melones por calar, para saber si son de calidad o no. Ángel López es catedrático de Derecho Civil de la Universidad donde Susana Díaz tardó diez años en sacar la carrera porque era la concejal de Juventud que no pudo (por fortuna) sacar adelante el botellódromo. Después fue castigada por Pepe Caballos, la mandaron a Madrid y desde allí se rearmó. Pero eso ya es otra historia.

Hay que reconocerle habilidad a los grupos de la oposición y adláteres para haber sacado zumo de la naranja del escudito, que es como el sello que lucen los catetos en el dedo meñique y que despegan de la mano mientras elevan las taza del café. Hacen bien los señores de la oposición en fiscalizar la labor del Gobierno, pero deben hacerlo con más tino. Echen antes una miradilla al BOJA, que es buenísimo para coger el sueño en noches de pandemia (¡Tanto Netflix!) y además así lee uno firmas de gobernantes socialistas serios, moderados y con altura de miras. La lectura del BOJA de 1985 me ha traído recuerdos del inolvidable Telesur. Ay, aquellos magníficos informativos que se emitían desde el chalé de la Palmera. No existía consejo audiovisual diciendo sandeces.

¿Ustedes saben que en las cafeterías que hay desde Pulpí hasta Ayamonte no se hablaba de otra cosa antes del estado de alarma que del escudo de la Presidencia y de las resoluciones del Consejo Audiovisual y del Consejo Consultivo? Porque el escudito ya existía desde hace meses. Estaba ahí, como el dinosaurio. Yo creo que en el fondo se trata de una maniobra de Moreno Bonilla para obtener sangre azul y entrar en la Sevilla profunda de la Real Maestranza. ¡Te pillé, presidente! Los socialistas deberían estar contentos porque Moreno ha seguido la línea marcada por uno de sus grandes, como es Pepote. Y Teresa debería aprender de Luis Carlos Rejón. Desde Rejón no ha tenido la izquierda un político tan hábil en el Parlamento, al margen de las habilidades como orador del gran Maíllo, que sabe latín. ¿Valderas? Sí, el señor de Huelva que aludió a las “tetas gordas” de una dirigente del PSOE. Pero no pasó nada, porque era de izquierdas. Y el conserje de TVE tras un debate electoral me dijo mientras esperaba el taxi: “El único que vale ahí es el Varderas, el único que me ha dado la mano al entrá”.

Con Valderas, por cierto, se metieron porque era repartidor de butano, como si eso fuera un delito. No nos desvíemos más. Pues resulta que ya existía la corona real en tiempos del Telesur, de la peste equina, de Gabino Puche y Hernández Mancha, de la legislatura de la pinza, del boom del ladrillo, de las cuatro candidaturas de Arenas, de la CEA y los sindicatos comiendo en Oriza, de los andalucistas en el Gobierno, de la reforma del Estatuto y de la polémica de las tetas gordas de aquella señora de cuyo nombre no quiero acordarme. Pero Susana no lo sabía, ningún asesor se lo advirtió. Y Teresa estaría preparando la revolución. Nadie lee el BOJA. Solo un tarado en tiempos de pandemia. Porça miseria. Debe ser un síntoma del síndrome de la cabaña. En realidad, lo del escudito de marras ha debido ser culpa de Rajoy… Por eso venía tanto a Sevilla a cenar con Arenas. “Chichichí, Javier, el coñazo del desfile… y del escudo”.